Un post más que incluye la palabra Facebook,  ahora la aplicación creada por x que arroja frases de Jodorowsky, no me resisto y me dice “No conserves objetos inútiles”.

Reviso mis archivos y me declaro incapaz de clasificar lo inútil. Vivo los recuerdos mientras hojeo los folders polvosos de  tiempo…

Son objetos los momentos, como en los sueños lúcidos de Alejandro que nos  hunden en este simbolismo estúpido en que nos arropa. Inútil es entonces el  pasillo por el que caminé sucio y el que alguien soplara para que me sentara y compartieramos la incomodidad deseada, inútil es entonces también la piedra inconclusa que busqué y guardé para desearle suerte, inútiles las palabras, los gestos, las manos, las texturas…

Son inútiles los lugares, las plazas, el descampado, las calles, los cines, los restaurantes, las galerías, las estancias, los hoteles, el café de la esquina, los elevadores, los bares, las paredes de los bares y las barras. Las redes sociales que son también un tanto lugares.

Es inútil y tan inútil la comida, el chocolate , los frutos rojos, el sushi, un buen corte y qué decir de las bebidas malas y buenas del vodka , la cerveza de lata el tequila.

El olor me resulta tan inútil conservarlo, las lociones, la canela, la piel de los muebles, la tierra.

Y entoces me declaro culpable a estas alturas ya, de haber disfrutado -si es que se puede- tan inutilmente de lo inútil.

Cambio entonces de lugar a lo inútil; las fotográfias que no tengo, las cosas que no pasaron, las preguntas que me han quedado por tantas y tantas horas, las lágrimas , la nostalgia, las letras, lo que no fue y lo que si fue, del pasado del presente y de todo eso que dibujo en la incertidumbre.

Tengo una caja llena de inutilidades, me despido sin muchas ganas de hacerlo, las hecho de menos. No me arrepiento de lo que he guardado si acaso me arrepiento de haberlas guardado tanto …

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